La relación entre Sarah Ferguson y el fallecido príncipe Philip nunca fue precisamente cálida. Aunque durante años la exesposa del príncipe Andrés intentó mantenerse cercana a la familia real británica, diversos expertos y biógrafos coinciden en que el duque de Edimburgo jamás logró perdonar algunos de los escándalos que rodearon a “Fergie” en los años 90.
El príncipe Philip nunca habría confiado del todo en Sarah Ferguson
Desde que Sarah Ferguson se casó con el príncipe Andrés en 1986, parecía encajar perfecto con la energía más relajada y divertida de la familia real. Incluso llegó a tener una relación cercana con la reina Isabel II. Sin embargo, todo cambió tras su separación y posterior divorcio del duque de York en 1996.
De acuerdo con varios expertos reales, el príncipe Philip era especialmente estricto con la imagen pública de la monarquía y veía con malos ojos los escándalos mediáticos que rodearon a Sarah Ferguson durante esa década.
Uno de los episodios que más habría afectado esa relación fue la publicación de fotografías comprometedoras de Fergie junto al empresario John Bryan en 1992. Las imágenes dieron la vuelta al mundo y generaron una enorme incomodidad dentro de Buckingham Palace.
“Ella no era bienvenida”
La tensión fue tan evidente que algunos biógrafos reales aseguraron que Sarah Ferguson sabía perfectamente que no era bienvenida cuando el príncipe Philip estaba presente.
Aunque nunca existió una declaración oficial por parte del duque de Edimburgo, la distancia entre ambos quedó reflejada durante años en eventos públicos y celebraciones familiares. De hecho, Sarah Ferguson no fue invitada a momentos importantes de la realeza británica, incluyendo la boda de William y Kate en 2011.
Incluso cuando falleció el príncipe Philip en 2021, Fergie no estuvo presente en el funeral. En ese momento, los medios británicos señalaron que las restricciones por la pandemia limitaron enormemente la lista de invitados.
Sarah Ferguson siguió cerca de la familia real
A pesar de los conflictos, Sarah Ferguson nunca desapareció del todo de la órbita real. Con el paso de los años logró reconstruir parte de su relación con algunos miembros de la familia, especialmente con sus hijas, las princesas Beatrice y Eugenie, y mantuvo una amistad cercana con el príncipe Andrew incluso después del divorcio.
Hoy, la historia entre Sarah Ferguson y el príncipe Philip sigue siendo una de las relaciones más tensas y comentadas dentro de la realeza británica, especialmente porque reflejaba el choque entre la tradición estricta de la corona y una figura mucho más espontánea y polémica.