La moda es una de las herramientas de comunicación más poderosas dentro de las casas reales, cada vestido, abrigo o conjunto que lucen figuras como Kate Middleton, la reina Letizia, Meghan Markle o la princesa Leonor es cuidadosamente elegido para representar a la institución que encarnan. Pero, una vez que termina el compromiso oficial, surge una pregunta que pocos se hacen, ¿qué ocurre con toda esa ropa después de usarla?
La respuesta varía según cada royal, aunque todas comparten una filosofía cada vez más marcada por la sostenibilidad, la reutilización y la conservación de prendas con valor histórico.
¿Qué pasa con la ropa de Kate Middleton después de usarla?
Kate Middleton es conocida por repetir sus looks en numerosas ocasiones, una práctica que ha ayudado a normalizar dentro de la realeza británica. La princesa de Gales suele reutilizar vestidos de gala, abrigos, zapatos e incluso tocados en eventos celebrados con años de diferencia.
Cuando no vuelve a utilizar una prenda, esta permanece archivada dentro de su guardarropa privado, bajo el cuidado de su equipo de vestuario. Algunas piezas especialmente relevantes pasan a formar parte de los archivos históricos de la Casa Real británica, mientras que otras pueden modificarse para adaptarse a nuevos compromisos o tendencias.
¿Qué hace la reina Letizia con sus vestidos?
La reina Letizia también ha convertido la moda circular en parte de su sello personal. Es habitual verla recuperar vestidos de Felipe Varela, Carolina Herrera, Hugo Boss o Massimo Dutti que estrenó incluso hace más de una década.
Además de reutilizar prendas completas, la reina suele transformar algunas piezas mediante pequeños ajustes de confección, cambiando cinturones, mangas, accesorios o combinaciones para darles una apariencia completamente distinta.
Las prendas permanecen bajo la custodia de Zarzuela y forman parte de su archivo personal, donde se conservan tanto diseños de alta costura como piezas de firmas accesibles.
¿Y qué ocurre con la ropa de Meghan Markle?
Desde que dejó de ser miembro activo de la familia real británica, Meghan Markle administra personalmente gran parte de su vestuario.
Algunas prendas continúan formando parte de su colección privada y otras han sido donadas o utilizadas en iniciativas benéficas. Durante su etapa como royal también recurrió a la reutilización de varios looks, aunque desde su salida de Buckingham su estilo ha evolucionado hacia un guardarropa más personal y menos sujeto al protocolo.
¿Los vestidos de Kate Middleton y la reina Letizia terminan en subastas?
Aunque es una creencia muy extendida, la mayoría de los vestidos que usan Kate Middleton, la reina Letizia, Meghan Markle o la princesa Leonor no terminan en subastas. Lo habitual es que las prendas permanezcan en sus guardarropas o en los archivos de sus respectivas casas reales, donde se conservan por su valor histórico, se reutilizan en futuros compromisos oficiales o incluso se modifican para darles una nueva vida.
Existen excepciones que han marcado la historia de la moda real. La más conocida es la de la princesa Diana, quien en 1997 decidió subastar 79 de sus vestidos a través de Christie’s para recaudar fondos destinados a organizaciones benéficas dedicadas a la investigación del VIH/SIDA y el cáncer. Años después, varias de esas piezas volvieron al mercado y alcanzaron cifras millonarias debido a su enorme valor histórico. En el caso de Kate Middleton, una de las pocas prendas asociadas a ella que llegó a una subasta fue el famoso vestido transparente que lució en un desfile benéfico durante su etapa universitaria en St Andrews, antes de convertirse en miembro de la familia real británica.
Es decir, las subastas de prendas reales son la excepción y no la regla, pues la mayoría de estos diseños se conservan como parte del patrimonio personal e institucional de las royals.
¿Por qué las royals repiten la ropa?
Lejos de ser una cuestión de ahorro, repetir ropa responde a varios motivos como promover una imagen de consumo responsable, refuerzan el compromiso con la sostenibilidad, dan mayor visibilidad al trabajo artesanal y a las firmas que las visten, reduce la percepción de lujo excesivo en tiempos de incertidumbre económica, permite que determinadas prendas se conviertan en auténticos iconos de su estilo.