Mucho antes de que la casa real española apostara por una imagen más abierta, moderna y cercana, como la que hoy representan los reyes Felipe VI y Letizia, existía una mujer dispuesta a cuestionar convenciones, desafiar tradiciones y plantar cara a su propia familia: la infanta Eulalia de Borbón.
Nacida en 1864 en un contexto convulso y profundamente conservador, Eulalia creció entre exilios, luchas de poder y un destino marcado por decisiones ajenas. Sin embargo, su carácter firme y su visión progresista la llevaron a convertirse en una presencia incómoda dentro de la corte, pero también en una precursora de la modernidad que años más tarde transformaría la monarquía española.
Una infancia entre expectativas rotas, exilios y presiones dinásticas
Desde su nacimiento, Eulalia cargó con el peso de la decepción colectiva. La corte esperaba un heredero varón para asegurar la continuidad de la dinastía, pero llegó ella, la séptima hija de Isabel II. Su llegada fue utilizada incluso como arma política por detractores de la reina, como el general Prim.
La revolución de 1868 obligó a la familia a exiliarse en Francia, donde Eulalia vivió una infancia despreocupada, lejos de las entregas madrileñas. Ese respiro terminó con la restauración monárquica en 1874: su hermano, Alfonso XII, la obligó a regresar y, además, a contraer matrimonio con su primo Antonio de Orleans.
El matrimonio resultó ser un desastre. Antonio dilapidó su fortuna y exhibió una vida rodeada de amantes. A los 22 años, recién casada, Eulalia descubrió que su vida no tendría la libertad ni la estabilidad que había imaginado.
Una infanta que se atrevió a desafiarlo todo: su matrimonio, la corte y la opinión pública
A principios del siglo XX, Eulalia dio un paso que en su época era impensable: pidió el divorcio. Fue una batalla mediática, política y familiar en la que se enfrentó a la opinión pública, a los Borbones y a los prejuicios de su tiempo.
Mientras los Orleans la apoyaban, los Borbones la castigaron por su desobediencia. Fue señalada, censurada y casi expulsada de la corte, pero eso no la detuvo. Separada, independiente y con su fortuna recuperada, se convirtió en la primera mujer de la realeza española en romper un matrimonio y defenderlo legalmente.
Su visión del mundo era mucho más amplia que la de su entorno. Viajó por Europa, conoció y analizó otras sociedades, se rodeó de intelectuales y mantuvo amistades que escandalizaban a la corte conservadora.
Para sus detractores, era alguien “incómoda”; llegaron a tacharla incluso de republicana”; pero para quienes la conocían, simplemente era alguien que se negaba a vivir con una venda en los ojos.
Escritora, crítica y una bolsa adelantada a su tiempo
En 1911 publicó “Au fil de la vie”, un libro donde analizaba el retraso cultural de España, defendía la emancipación de la mujer y advertía la fragilidad de las monarquías europeas. Sus opiniones fueron calificadas de inmorales, escandalosas y peligrosas, incluso antes de que el libro viera la luz.
Alfonso XII la castigó con una real orden que le prohibió volver a España. Eulalia pasó más de una década moviéndose por Europa hasta que finalmente logró regresar. Su visión crítica había sido en muchos casos profética, pues en 1931 estalló la Segunda República, tal como ella lo había anticipado.
En sus memorias publicadas en 1935, mostró una lectura lúcida sobre la caída de la monarquía y el papel de sus miembros.
Su vida, repleta de viajes, exilios y encuentros con figuras históricas, la convirtió en una especie de testigo privilegiada del final de una era.
Eulalia de Borbón fue mucho más que la “infanta incómoda”; fue una mujer adelantada a su tiempo, crítica del sistema en el que le tocó vivir y defensora temprana de ideas que hoy asociamos con la modernidad.
En una época en la que la monarquía era sinónimo de rigidez y tradiciones férreas, ella se atrevió a incomodar, debatir y cuestionar. Y aunque su familia la castigó por ello, su legado se lee hoy como el primer paso hacia una realeza más consciente, cercana y abierta, esa que más de un siglo después encarna la corona española bajo el reinado de Felipe VI.