El rey Carlos III recordó uno de los episodios más dramáticos de su juventud, la avalancha que sufrió en los Alpes suizos en 1988 y que terminó con la muerte de uno de sus amigos más cercanos. El monarca habló del accidente casi cuatro décadas después, durante un encuentro con un equipo de rescate de montaña en Escocia.
A sus 77 años, Carlos III hizo referencia a aquel episodio mientras recibía a integrantes del Assynt Mountain Rescue Team en el Castillo de Mey, en Escocia. El encuentro se celebró para conmemorar los 50 años de servicio de la organización, dedicada a las labores de rescate en zonas montañosas.
El líder del equipo, Ben Dyson, contó que el rey recordó su experiencia al hablar sobre los peligros de las montañas y el trabajo de los grupos de rescate. Carlos resumió lo ocurrido con una frase que refleja la gravedad de aquel momento: “fue por muy poco”.
¿Qué le ocurrió al rey Carlos III en la avalancha de 1988?
El accidente ocurrió el 10 de marzo de 1988, cuando Carlos, entonces príncipe de Gales, se encontraba de vacaciones en Klosters, Suiza, uno de los destinos favoritos de la familia real británica para practicar esquí.
Carlos y varias personas de su grupo habían salido de las pistas marcadas para esquiar fuera de pista cuando una avalancha se desprendió de la montaña. El monarca y algunos integrantes del grupo lograron ponerse a salvo, pero la nieve alcanzó a dos de sus acompañantes: el comandante Hugh Lindsay y Patti Palmer-Tomkinson. Lindsay, de 34 años, era un amigo cercano de Carlos y había trabajado como asistente personal de la reina Isabel II. Fue arrastrado por la avalancha y sepultado bajo la nieve. Aunque fue trasladado en helicóptero a un hospital de Davos, murió a consecuencia del accidente.
Patti Palmer-Tomkinson también quedó atrapada y sufrió graves lesiones en las piernas. Fue rescatada y trasladada a un hospital para recibir atención médica.
Carlos ayudó a rescatar a sus amigos
Después de conseguir escapar de la zona afectada por la avalancha, Carlos y otros integrantes del grupo regresaron al lugar junto con un guía y un policía suizo para intentar localizar a las personas que habían quedado sepultadas.
El entonces príncipe de Gales participó en las labores para sacar a sus acompañantes de la nieve. Los reportes publicados en aquel momento describieron a Carlos visiblemente afectado por lo sucedido. Una testigo incluso aseguró que parecía estar llorando mientras era trasladado en helicóptero, aunque no había sufrido lesiones físicas.
La tragedia tuvo un impacto profundo en el círculo cercano de la familia real. La esposa de Hugh Lindsay, Sarah, estaba embarazada de seis meses cuando ocurrió el accidente.
¿Dónde estaban la princesa Diana y Sarah Ferguson?
La tragedia también estuvo relacionada con dos figuras importantes de la familia real de aquella época. La princesa Diana y Sarah Ferguson, entonces duquesa de York, se encontraban en el mismo viaje de esquí, pero no estaban en las pistas cuando ocurrió la avalancha.
Ambas permanecían en su chalet en Davos y resultaron ilesas. Sarah Ferguson estaba embarazada de su primera hija, la princesa Beatriz, durante aquel viaje. El accidente ocurrió en un momento particularmente delicado para la familia real. Carlos y Diana estaban casados y sus hijos, los príncipes William y Harry, eran todavía pequeños.
La tragedia marcó a Carlos III
La avalancha de Klosters se convirtió en uno de los episodios más dolorosos de la vida del actual monarca. Además de haber estado en peligro, Carlos perdió a un amigo cercano y tuvo que participar directamente en las labores de rescate.
Años después, el episodio volvió a cobrar relevancia cuando fue representado en la serie The Crown. La producción dramatizó la tragedia y la presentó dentro del contexto de la relación entre Carlos y Diana. La representación generó críticas por parte de la familia de Hugh Lindsay.
El recuerdo también ayuda a entender la relación que Carlos ha mantenido con las organizaciones de rescate de montaña. Durante su encuentro con el equipo de Assynt, el rey reconoció que aquella experiencia le permitió comprender de primera mano los riesgos a los que se enfrentan quienes realizan este tipo de labores.
Carlos III dejó el esquí atrás
El esquí fue durante décadas una tradición para la familia real británica. Carlos y Diana llevaron posteriormente a sus hijos William y Harry a Klosters, donde los príncipes aprendieron a esquiar y continuaron con una costumbre familiar que también había acompañado al entonces príncipe de Gales.
Sin embargo, Carlos III ya ha dejado atrás esta actividad. En febrero de 2025, durante una visita a Teesside, el monarca aseguró que sus días de esquí habían terminado.
Casi 40 años después de aquella avalancha, el recuerdo continúa presente para Carlos III. Su reciente conversación con los rescatistas de Assynt volvió a poner en perspectiva una experiencia que pudo haber terminado de manera muy distinta para el actual rey de Inglaterra.