La historia secreta de los amores de juventud del rey Carlos III ha perdido a una de sus protagonistas más recordadas. Davina Sheffield, la aristócrata que a mediados de los años 70 estuvo a punto de convertirse en la futura reina de Inglaterra, ha fallecido a los 75 años.
Prima lejana de Lord Mountbatten y nieta del barón Lord McGowan, Davina encarnaba el perfil exacto que el Palacio de Buckingham buscaba para el heredero a la corona: una joven de la alta sociedad, rubia, deportista, refinada y con un linaje impecable dentro del círculo cercano a la familia real.
El romance que cautivó al príncipe de Gales
El flechazo entre Carlos y Davina ocurrió en 1976. Tras un intento inicial de cortejo que ella rechazó por estar comprometida con el piloto de carreras James Coleman, el príncipe logró conquistarla organizando románticos viajes a la residencia real de Balmoral y escapadas en yate por el Mediterráneo.
Durante meses, la prensa británica dio por sentado que el anuncio de su compromiso era inminente. Davina se adaptó con naturalidad a la vida de palacio, ganándose el afecto de los miembros de la Casa Real y el respaldo entusiasta de Lord Mountbatten, quien veía en ella a la candidata ideal para dar estabilidad al príncipe.
La razón que alejó a Davina del trono
El destino de Davina tomó un giro drástico debido a los rigurosos y conservadores estándares que la monarquía imponía en aquella época. La revelación mediática de que había mantenido una relación sentimental previa con Coleman detonó un escándalo en los tabloides británicos.
En una era donde la norma no escrita exigía que la futura consorte no tuviera un pasado amoroso público, la presión de la corte se volvió insostenible. A pesar del profundo afecto entre ambos, la relación se disolvió de manera amistosa, lo que años después abrió el camino para la entrada de Lady Diana Spencer en la vida del príncipe.
Una vida de discreción y elegancia
Tras su distanciamiento de la familia real, Davina rehizo su vida lejos de los reflectores. En 1981 contrajo matrimonio con el empresario e inversionista francés Harry Carey, con quien se estableció en el campo inglés y formó una familia rodeada de privacidad y trabajo filantrópico.
Quienes la conocieron la recuerdan como una mujer de enorme calidez, discreción absoluta sobre su pasado con el actual rey y una elegancia atemporal que mantuvo hasta sus últimos días. Su partida cierra un capítulo nostálgico de la diplomacia sentimental de la realeza británica.