Huevo de Fabergé será subastado en 26 mdd, la millonaria pieza perteneció al último zar de Rusia

La deslumbrante obra conocida como “Winter Egg”, encargada por el zar Nicolás II y adornada con más de 4,500 diamantes vuelve al mercado después de un siglo de historia.

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El Huevo de Invierno perteneció a la familia imperial rusa.

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El universo de lujo tiene piezas que desafían al tiempo, a la historia y a cualquier parámetro de valor. Una de ellas es el mítico huevo de invierno de Fabergé, una joya imperial cuyo recorrido cuenta tanto sobre la opulencia como sobre la tragedia.
Esta excepcional pieza, encargada en 1913 por Nicolás II, el último zar de Rusia, para su madre la emperatriz María Fiódorovna, será subastada en Londres con un precio estimado que supera los 26 millones de dólares. Su rareza, su técnica y su supervivencia a guerras, revoluciones y décadas en paradero desconocido lo han convertido en uno de los Fabergé más codiciados del mundo.

Un tesoro imperial con más de un siglo de historia

Los huevos Fabergé son sinónimos de exquisitez; la casa creó únicamente 50 piezas para la familia imperial rusa, regalos de Pascua que se volvieron símbolos de poder y refinamiento. De ellos solo 43 han sobrevivido a la caída del Imperio, al saqueo bolchevique y a la dispersión internacional de sus tesoros.

El Winter Egg destaca incluso entre ellos; tallado en un delicado cristal de roca y decorado con un impresionante manto de más de 4500 diamantes, fue concebido como una celebración del invierno ruso y la pureza del hielo. En su interior, fiel a la tradición Fabergé, incluía una sorpresa: un arreglo floral también trabajado en cristal, oro y piedras preciosas.
Nicolás II lo encargó como obsequio para su madre en la primavera de 1913, un año antes del estallido de la Primera Guerra Mundial y solo cinco antes de la ejecución de la familia Romanov.

De San Petersburgo al mundo: la travesía del huevo de invierno

Tras la Revolución rusa de 1917, muchos tesoros imperiales fueron confiscados y vendidos para financiar al nuevo gobierno.
El Winter Egg fue trasladado a Moscú y vendido en los años 20 a un joyero británico que reconoció su valor. Ahí inició un recorrido de propietarios que lo llevó de Rusia a Londres, luego a Ginebra y más tarde a Nueva York.
Durante dos décadas se perdió su rastro. Su “desaparición” alimentó teorías y búsquedas hasta que en 1994 reapareció de manera sorpresiva en Christie’s, donde volvió a subastarse. En 2002 rompió récord al venderse por 9.6 millones de dólares, consolidándose como uno de los Fabergé más valiosos del mercado.

La subasta que podría romper un nuevo récord

Ahora, más de 20 años después, Christie’s anuncia la venta del Winter egg en Londres con un precio estimado que supera los 26 millones de dólares. De confirmarse, se convertiría en uno de los huevos imperiales más caros jamás vendidos. El récord actual lo mantiene el Rothschild Egg, que alcanzó 11.25 millones en 2007 también bajo el martillo Christie’s.

Expertos en arte ruso destacan que esta pieza no solo debe su valor a los diamantes o su imponente diseño, sino a la sofisticación técnica que hizo a Fabergé famoso: ingeniería minuciosa, materiales excepcionales y un acabado que sigue sorprendiendo a más de uno a un siglo de su creación.
El huevo de invierno no es solo una joya, es un fragmento de historia imperial, un símbolo de un mundo perdido y una demostración del virtuosismo de Fabergé.

Su inminente subasta promete atraer a coleccionistas de alto perfil y amantes del arte que buscan poseer una pieza donde brillan el lujo, la ingeniería y la memoria de los últimos Romanov.

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