En el vasto árbol genealógico de la nobleza europea, pocos nombres evocan una melancolía profunda como el de Mafalda de Saboya, a pesar de no ser esta la única royal que tuvo una vida difícil.
Hija del rey Víctor Manuel III de Italia y de la reina Elena de Montenegro, Mafalda no solo fue una princesa de nacimiento, sino también una mujer cuya vida quedó atrapada en el fuego cruzado de las ambiciones totalitarias del siglo XX.
Durante la Segunda Guerra Mundial, el destino de Mafalda fue marcado por la traición, el sacrificio y una valentía que la llevó a los rincones más oscuros de la historia del nazismo. Su historia es un recordatorio brutal de que ni los títulos ofrecieron protección contra la maquinaria del Tercer Reich.
Esta es la historia de Mafalda de Saboya, quien, tras ser el orgullo de la corona italiana, se convirtió en la prisionera número 262.
¿Quién fue Mafalda de Saboya?
Nacida en Roma en 1902, Mafalda creció en un entorno regido por los valores familiares y una profunda fe católica. En 1925 contrajo matrimonio con el príncipe Felipe de Hesse-Kassel, un aristócrata alemán que fue miembro del partido nazi.
Lo que inicialmente comenzó como una alianza política pronto se convertiría en una trampa mortal para la princesa. Mafalda nunca ocultó su desprecio por las políticas e ideologías de Adolf Hitler y fue el propio Führer quien la calificó en sus diarios como “la más oscura de todas las almas oscuras” de la familia real italiana.
Hitler sospechaba que Mafalda tenía gran influencia sobre su esposo y su padre, situación que favoreció que en 1943, al Italia firmar el armisticio con los aliados, el líder del partido nazi acusara al rey Víctor Manuel III de alta traición.
Adolf vio en Mafalda el blanco perfecto para vengarse por este hecho; así fue como, mientras ella asistía al funeral de su cuñado, el rey Boris III, en Bulgaria, fue atrapada por agentes de la Gestapo.
Bajo una mentira, Mafalda fue informada de que su esposo se reuniría con ella en el consulado alemán de Roma; sin embargo, todo sería una trampa que la llevaría a ser arrestada y enviada a Berlín para ser interrogada, marcando de esta forma el inicio de su calvario.
El cautiverio en el barracón número 15
Los registros históricos indican que Mafalda fue enviada al campo de concentración de Buchenwald, bajo el seudónimo de “Frau von Weber”. Esto con el objetivo de evitar que su identidad real causara un escándalo a nivel internacional. Sin embargo, los prisioneros del campo pronto se darían cuenta de quién era realmente. A pesar de las condiciones inhumanas a las que tuvieron que enfrentarse, algunos sobrevivientes del campo recordaron años después a una mujer que compartía sus raciones de comida con los más necesitados, y que a pesar del hambre y el frío, nada lograba doblegar su espíritu.
Durante su cautiverio, Mafalda fue recluida en el barracón número 15, el cual estaba destinado especialmente para los prisioneros políticos. En este lugar, la princesa se dedicó a cuidar a los enfermos; alejada de los lujos a los que estaba acostumbrada, su fe fue el único refugio que encontró.
A pesar de ser hija de un rey y sobrina de la propia reina de Inglaterra, el mundo exterior no pudo hacer nada por ella, y esta fue la razón por la que su sacrificio se convirtió con el paso del tiempo en un símbolo de resistencia contra la tiranía.
El trágico final de la princesa
Su partida de este mundo ocurrió de la forma más cruel posible. El 24 de agosto de 1944, un bombardeo aliado alcanzó la fábrica de armamento adyacente al campo de Buchenwald. Una de las bombas cayó directamente sobre el barracón donde se encontraba Mafalda, y como consecuencia quedó gravemente herida con quemaduras profundas e incluso un brazo destrozado.
Debido a la falta de atención médica inmediata, así como a una operación tardía y deficiente, más falda falleció tres días después, el 27 de agosto, con tan solo 41 años. Su cuerpo fue arrojado a una fosa común; sin embargo, gracias a un sacerdote del campo y algunos prisioneros italianos que lograron reconocerla, sus restos fueron recuperados y enterrados en secreto bajo una placa de madera.
Hoy en día, la princesa Mafalda descansa en el castillo de Kronberg en Alemania, y para muchos historiadores pasó a ser vista como una mártir de la libertad.
La vida de Mafalda de Saboya es una de las historias más impactantes de la nobleza del siglo XX. Aunque en la historia de la realeza ha habido figuras con destinos y vidas trágicas, la suya es por mucho una de las más tristes y desgarradoras. Hoy su historia permanece viva como testimonio de la historia, dejando el legado de que incluso en los momentos más oscuros de la humanidad, el brillo de una persona nunca logra apagarse por completo.