La publicación del testamento de Katharine, duquesa de Kent, ha despertado un gran interés dentro y fuera de la realeza británica. A diferencia de lo que ocurre con la mayoría de los miembros de la familia real, sus últimas voluntades sí fueron reveladas públicamente, permitiendo conocer cómo decidió repartir un patrimonio valorado en más de 1.6 millones de euros, además de los legados especiales que dejó a sus ahijados y a una organización benéfica.
La esposa del príncipe Eduardo, duque de Kent y primo de la reina Isabel II, falleció en septiembre de 2025 a los 92 años. Su testamento no solo refleja la forma en que distribuyó su fortuna, sino también los valores que marcaron su vida tras alejarse de los deberes oficiales de la Corona.
¿Por qué se hizo público el testamento de la duquesa de Kent?
En Reino Unido, los testamentos de los miembros de la familia real suelen permanecer sellados por orden judicial durante al menos 90 años, con el objetivo de proteger la privacidad de la institución.
En el caso de Katharine fue diferente, en 2002 obtuvo la autorización de la reina Isabel II para retirarse por completo de la vida pública y dejar de ser una working royal. Al no desempeñar funciones oficiales para la Corona, sus últimas voluntades no quedaron sujetas al habitual blindaje que protege los testamentos de otros Windsor.
Así repartirá la duquesa de Kent su herencia de 1.6 millones de euros
Los documentos sucesorios revelan que la duquesa dejó un patrimonio bruto de 1,43 millones de libras, equivalente a más de 1.6 millones de euros.
La mayor parte de la herencia quedará en fideicomiso para los tres hijos que tuvo con el duque de Kent: George Windsor, conde de St Andrews, Lady Helen Taylor y Lord Nicholas Windsor.
Además, su participación en una exclusiva propiedad ubicada en Edwardes Square, en Kensington, fue destinada a su nieto Edward Windsor, barón Downpatrick, quien en el futuro heredará el título de duque de Kent.
Por otra parte, los rendimientos del fondo familiar Worsley Settlement serán disfrutados por el duque de Kent mientras viva. Tras su fallecimiento, el capital se repartirá entre sus hijos, será el 50% para George Windsor, un tercio para Lord Nicholas Windsor y una sexta parte para Lady Helen Taylor.
Los regalos que la duquesa de Kent dejó a sus ahijados
Uno de los detalles más llamativos del testamento es que Katharine también quiso reconocer el vínculo con sus ahijados.
El documento establece un legado de 5.000 libras esterlinas para cada uno de sus nueve ahijados, además de instrucciones específicas sobre el destino de sus joyas y pertenencias personales. Estas últimas quedaron en manos de su esposo, el duque de Kent, quien deberá repartirlas siguiendo una nota manuscrita que la propia duquesa dejó antes de morir.
Katharine, duquesa de Kent, junto al duque de Kent y sus hijos George Windsor, Lady Helen Taylor y Lord Nicholas Windsor. De acuerdo con su testamento, la mayor parte de su patrimonio quedará en fideicomiso para sus tres hijos, además de incluir legados específicos para su nieto, sus ahijados y una organización benéfica dedicada a impulsar el talento musical.
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El legado solidario que también quedó escrito en su testamento
Fiel al compromiso social que marcó sus últimos años de vida, Katharine también destinó 10.000 libras a Future Talent, la organización benéfica que cofundó en 2004 para apoyar a jóvenes músicos de familias con recursos limitados mediante becas e instrumentos.
Su pasión por la música fue una constante incluso después de abandonar la vida pública. Durante más de una década viajó cada semana desde Londres hasta una escuela pública de Hull para impartir clases de música de forma anónima bajo el nombre de “Mrs. Kent”, una faceta que la convirtió en una de las integrantes más discretas y singulares de la familia real británica.
Además, fue pionera al convertirse públicamente al catolicismo en 1993. Tras su muerte, recibió un funeral católico en la Catedral de Westminster, un hecho poco común en la historia reciente de la monarquía británica, que terminó de consolidar su legado como una royal que eligió una vida alejada del protocolo y más cercana a sus convicciones personales.