Mujeres poderosas que están marcando historia este Día Internacional de la Mujer

En el Día Internacional de la Mujer celebramos a algunas personalidades que están moviendo el mundo desde distintos lugares: creadoras, artistas, científicas y pensadoras cuya sensibilidad, rigor y valentía transforman la manera en que vemos a la humanidad.

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ANA GABRIELA FERNÁNDEZ POR SEBASTIÁN LUPERCIO

Hay mujeres que destacan no sólo por su talento, sino por el establecido y construyen nuevas narrativas. Desde la cocina y el cine hasta la literatura, la música, la ciencia espacial, la fotografía y la divulgación científica, este recorrido reúne a Ana Gabriela Fernández, Thalía Barrios, Carmen Victoria Félix, Cristina Rivera Garza, Ángeles Cruz, Graciela Iturbide y Julieta Fierro: siete mujeres con miradas propias, comprometidas con su tiempo y convertidas en referentes para las nuevas generaciones de México y del planeta.

Carmen Victoria Félix Chaidez

La niña que miraba las estrellas decidió alcanzarlas

Los primeros recuerdos de Carmen Victoria Félix (1985) no están ligados a un laboratorio, sino al cielo nocturno de Sinaloa. Tenía cinco años cuando comenzó a preguntarse sobre la luna, los planetas y los viajes espaciales. “Todo me parecía posible”, recuerda.

Esa curiosidad infantil se transformó con el tiempo en un proyecto de vida. Carmen estudió Ingeniería en Electrónica y Telecomunicaciones y realizó una maestría en Ciencias Espaciales. “Cuando busqué apoyo para estudiar, muchas instituciones me dijeron que cambiara de enfoque, que el espacio no era una prioridad en México”.

Renunció a su trabajo, salió del país y apostó por un camino sin garantías. “Fue un salto de fe”, dice. Ese recorrido estuvo marcado por regulaciones internacionales que restringen la participación de científicos no estadounidenses en ciertos proyectos. “No era falta de capacidad, era mi nacionalidad”, explica.

Lejos de detenerse, decidió construir alternativas y, en 2018, se convirtió en la primera mexicana seleccionada como candidata a científica-astronauta por el Instituto Internacional de Ciencias Astronáuticas. “He demostrado mi capacidad a través del trabajo.

Tuve referentes femeninos y mentoras que me ayudaron. Creo en los equipos diversos, donde el talento no tiene género. Pero es cierto que en STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics) a las mujeres se nos sigue pidiendo demostrar más”.

Hoy, desde Países Bajos, combina investigación bioastronáutica, evaluación de trajes espaciales en microgravedad, divulgación y mentoría, mientras cría a sus dos hijos pequeños: “Espero de todo corazón, en el futuro, poder representar a mi país en el espacio”.

“Necesitamos a más mujeres en áreas de STEM. Si en algún momento has tenido la curiosidad de adentrarte en este mundo, pero te ha dado miedo o te han desanimado, quiero que sepas que es uno de los sectores más emocionantes y divertidos”. –Carmen Victoria Félix Chaidez

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Carmen Victoria Félix Chaidez.

CORTESÍA

Cristina Rivera Garza

Escribir también es un modo de resistencia

Nacida en Matamoros, Tamaulipas, Cristina Rivera Garza (1964) ha construido una obra literaria que se mueve con naturalidad entre lenguas, géneros y territorios. Escritora con formación en Historia, es profesora en la Universidad de Houston, donde dirige el doctorado en Escritura Creativa en Español. Su obra es amplia y profunda mente influyente: novelas, ensayos, cuentos y poesía en los que explora identidad, lenguaje, género, memoria, frontera y migración.

Entre sus títulos destacan Terrestre, New and Selected Stories, Me llamo cuerpo que no está, Autobiografía del algodón, Había mucha neblina o humo o no sé qué, La muerte me da y Nadie me verá llorar, entre otros.

Parte central de su escritura nace de su trabajo con el archivo. Desde su formación como historiadora, Rivera Garza ha convertido expedientes, documentos y restos institucionales en materia viva para su trabajo.

Su obra alcanzó una dimensión radical con El invencible verano de Liliana, una historia personalísima en la que reconstruye la vida y el feminicidio de su hermana menor, a manos de su novio, en 1990. El libro fue reconocido con el Premio Pulitzer 2024 y el Premio Xavier Villaurrutia 2021, publicado en inglés en 2023 y finalista del National Book Award en la categoría de no ficción. En ocasión del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la obra llegó al teatro con el monólogo El invencible verano de Liliana, interpretado por Cecilia Suárez. Para Rivera Garza, llevar esta historia a escena es otra manera de insistir en la memoria, la dignidad, la empatía y la exigencia de justicia.

Cristina comparte lecturas, ideas y fragmentos de su proceso creativo, escribe y dialoga sin suavizar las preguntas incómodas. Además de la beca MacArthur, ha ganado los premios Iberoamericano de Letras José Donoso y el Sor Juana Inés de la Cruz

“Leer y escribir en español, hacerlo en la frontera, desde la frontera,en espacios bilingües, en espacios donde las lenguas conviven y se desafían mutuamente, nospermite imaginar nuevas formas de comunidad”. –Cristina Rivera Garza

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Nacida en Matamoros, Tamaulipas, Cristina Rivera Garza (1964) ha construido una obra literaria que se mueve con naturalidad entre lenguas, géneros y territorios.

CRISTINA RIVERA GARZA POR ANNETTE HORNISCHER

Thalía Barrios

Cocinar sin perder de vista el origen

Thalía Barrios (1996) aprendió a cocinar mucho antes de imaginar que la cocina podía ser una profesión. En San Mateo Yucutindoó, su pueblo en la Sierra Sur de Oaxaca, cocinar era parte de la vida diaria. Desde los siete años sabía poner el nixtamal, moler, hacer tortillas, moles y salsas. Se movía entre comales y ollas mirando a su madre, a su tía y a su abuela Catalina. “Nunca lo viví como algo pesado. Me gustaba estar ahí”, recuerda.

Es la menor de siete hermanos y la única que se quedó con la curiosidad encendida. Mientras los hombres salían a trabajar, las mujeres hacían tortillas en casa. Para Thalía, ese espacio fue una escuela. Ahí entendió el fuego, los tiempos y la magia de los sabores. “Desde muy chica supe cómo el fuego puede cambiar la comida”. Sin saberlo, también empezó a formar una mirada propia que hoy define su cocina.

A los 11 años ya cocinaba para otros. Empezó vendiendo pasteles en su comunidad y aprendió pronto que cocinar también implicaba responsabilidad. “Mis papás me dijeron que tenía que hacerlo bien, porque la gente ahorraba para comprar un pastel”. Esa idea no se le olvidó. Cuando llegó el momento de elegir una carrera, no sabía que la gastronomía existía como opción hasta que una maestra le preguntó dónde se imaginaba todo el día sin cansarse. “En una cocina”, respondió sin dudar.

Estudió Gastronomía y durante sus práctica en Corazón de Tierra, en Valle de Guadalupe, todo hizo sentido: fine dining, un huerto y una conexión con la tierra que ella conocía desde niña. A los 24 años abrió Levadura de Olla, hoy con estrella Michelin. La pandemia la obligó a cerrar, volver al pueblo y empezar otra vez. “Era comenzar de cero,pero con más claridad”.

Hoy, al frente de Levadura de Olla y La Cocina de Humo, Thalía cocina para contar de dónde viene y sostener lo que sigue vivo en los pueblos. Sueña en grande, pero con los pies en la tierra. Insiste en volver a los libros, a la historia, a las bases: “No todo está en las redes sociales. Estamos hechos de historia y es importante conocerla”. Para Thalía, cocinar no es una meta, es un camino que se recorre todos los días.

Es importante mantener una ilusión porque algún día va a pasar, pero eso va a pasar trabajando, siendo disciplinados y estudiando. No hay que dejar los sueños a la suerte o al destino”.–Thalía Barrios

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Thalía Barrios (1996) aprendió a cocinar mucho antes de imaginar que la cocina podía ser una profesión.

CORTESÍA

Ana Gabriela Fernández

Más allá del virtuosismo: tocar como proyecto de vida

El piano fue su primer refugio, ese lugar en el que pudo expresar emociones que aún no sabía poner en palabras. “Al principio fue un descubrimiento lleno de curiosidad, pero con el tiempo se volvió una necesidad vital”, confiesa. Esa relación temprana con la música se transformó, poco a poco, en una certeza: el piano no era sólo un pasatiempo, sino el eje desde el cual Ana Gabriela quería pensar, sentir y proyectar su vida.

La pianista Ana Gabriela Fernández (1990) es cubana-mexicana y suma más de 25 años de experiencia sobre el escenario. Para ella, la música es un espacio de diálogo entre las artes y un compromiso profundo con la sensibilidad y la verdad artística. Su carrera se ha construido con una disciplina constante y horas de trabajo silencioso, una ética que atraviesa tanto su formación como su manera de tocar.

Ha recibido premios y reconocimientos internacionales, pero habla de ellos sin triunfalismo. “Los premios funcionan como una validación, pero nunca como un punto de llegada”, dice. Para Ana Gabriela, el virtuosismo sólo tiene sentido cuando está al servicio de la expresión y de una comunicación honesta con el público.

Su camino no ha estado libre de retos, en especial aquellos ligados a los prejuicios de género que aún persisten en el mundo artístico. Lejos de frenar su trayectoria, esas experiencias han reforzado su convicción y su compromiso con abrir espacios y generar referentes para las mujeres que vienen detrás.

Hoy desarrolla proyectos en los que la música dialoga con la literatura y el cine. Estudia francés y alemán para leer textos en su idioma original y comprender mejor los contextos culturales que han marcado la historia musical. “El arte continúa siendo un lugar esencial para la sensibilidad y el pensamiento crítico”, afirma. Basta escucharla tocar para entender que eso no es sólo una idea, sino una práctica constante.

“El talento es sólo el punto de partida; la disciplina, la constancia y la paciencia son fundamentales para sostenerse en el tiempo”. –Ana Gabriela Fernández

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ANA GABRIELA FERNÁNDEZ POR SEBASTIÁN LUPERCIO / CORTESÍA

Ángeles Cruz

Filmar desde la raíz

Ángeles Cruz (1969) hace cine desde un lugar íntimo y colectivo al mismo tiempo. Originaria de Villa Guadalupe Victoria, en la Mixteca oaxaqueña, su trabajo como actriz, guionista y directora es una manera de resistencia cultural y una apuesta por contar historias que durante mucho tiempo quedaron fuera del cine mexicano.

En su proceso creativo conviven dos motores constantes: el miedo y el gozo. El miedo aparece cada vez que dirige y se pregunta qué está haciendo ahí. El gozo llega al compartir el proceso con su equipo, al saberse acompañada. Para Ángeles, el cine no se hace en soledad, el séptimo arte se construye en comunidad. Formada en la Escuela de Arte Teatral del INBA, ha participado como actriz en más de 20 largometrajes y ha sido reconocida con premios como el Colón de Plata a Mejor actriz por Tamara y la Catarina, además de nominaciones al Ariel. Como directora, inició su camino autoral con La tiricia o cómo curar la tristeza, seguida de Arcángel, obras que colocan al centro la identidad, la emoción y el territorio.

Con Nudo mixteco, su ópera prima, reafirmó su compromiso con un cine que invita a la conversación y a la reflexión. Para Ángeles Cruz, cada película nace como una semilla: pequeña, poderosa y capaz de crecer hasta volver al público con nuevas preguntas.

Ángeles Cruz, sin duda, tiene una mirada que ha roto paradigmas y ha abierto nuevos discursos, proponiendo una representación justa y digna de la diversidad y de los pueblos originarios.

“El cine es ese lugar donde puedo hablar de aquello que incomoda”.–Ángeles Cru

2023 Toronto International Film Festival - "Valentina Or The Serenity" Premiere

Ángeles Cruz (1969) hace cine desde un lugar íntimo y colectivo al mismo tiempo.

Getty Images

Mención especial

Graciela Iturbide

Mirar y fotografiar el mundo

“Lo más importante es fotografiar lo que uno no ve”.–Graciela Iturbide

Graciela Iturbide 'When The Light Speaks' Exhibition In Mexico City

Ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942) ha construido una de las miradas más influyentes de la fotografía contemporánea.

Getty Images

Ganadora del Premio Princesa de Asturias de las Artes 2025, Graciela Iturbide (Ciudad de México, 1942) ha construido una de las miradas más influyentes de la fotografía contemporánea. Su obra no explica: sugiere. Fotografía desde la intuición, la emoción y una profunda conexión con lo que observa.

Formada en cine en la UNAM y discípula de Manuel Álvarez Bravo, encontró en la fotografía un lenguaje propio. En los 70, su trabajo con mujeres, en especial en Juchitán, Oaxaca, definió un estilo poético y contundente que la proyectó a nivel internacional. Hoy, sus imágenes recorren el mundo, se integran a museos como el MoMA o se encuentran en Getty o en la Fundación MAPFRE. Iturbide capta desde la curiosidad, convencida de que la cámara es sólo un pretexto para mirar con atención y dejarse transformar

Julieta Fierro

Rockstar de la divulgación científica

“Se debe reestructurar el sistema educativo para aprovechar la creatividad e inteligencia femeninas”. –Julieta Fierro

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Julieta Fierro (Ciudad de México, 1948-2025) logró hacer que la ciencia se sintiera cercana, divertida y posible.

CORTESÍA FUNDACIÓN UNAM.

Julieta Fierro (Ciudad de México, 1948-2025) logró algo extraordinario: hacer que la ciencia se sintiera cercana, divertida y posible, astrónoma y divulgadora, rompió la solemnidad del laboratorio para invitar a niñas, niños y adultos a mirar el universo con curiosidad.

Estudió Física y Astrofísica cuando pocas mujeres lo hacían, escribió más de 40 libros, dirigió Universum y transformó la divulgación científica en español. Su huella es tan grande, que incluso una luciérnaga lleva su nombre. Convencida de que la ciencia debe compartirse, Fierro dejó un mensaje: “Sí se puede ser científica, pero el sistema debe cambiar. Mejor aún hacerlo con humor, pasión y rebeldía”

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