Aunque los jardines reales suelen asociarse con tradición, perfección y abundancia, lo cierto es que también responden a los gustos personales de quien los habita. En el caso de Carlos III, su relación con la naturaleza va mucho más allá de lo estético: es un apasionado de la agricultura orgánica y participa activamente en lo que se cultiva en sus terrenos.
Pero hay un detalle que ha llamado especialmente la atención: sí existen verduras que el monarca no tolera… y que han sido completamente eliminadas de sus jardines.
Las verduras “prohibidas” en los jardines de Carlos III
De acuerdo con testimonios de antiguos jardineros que han trabajado en sus propiedades, hay dos verduras que no tienen lugar en sus cultivos: la calabaza y el calabacín.
Estas variedades, conocidas en Reino Unido como squash y courgette, han sido descartadas por una razón sencilla: no son del gusto del rey. Aunque no se han dado explicaciones oficiales sobre si se trata de una cuestión de sabor o textura, la instrucción ha sido que no se planten.
Este tipo de decisiones puede parecer menor, pero en realidad refleja el nivel de control y detalle que Carlos III mantiene sobre su alimentación diaria.
Un enfoque muy personal (y sostenible) de la alimentación
Más allá de estas exclusiones, el monarca es reconocido por su firme compromiso con la agricultura orgánica. Desde hace décadas impulsa prácticas sostenibles y procura que los alimentos que consume provengan de sus propios huertos o de fuentes responsables.
En sus jardines sí predominan verduras como espinaca, lechuga, puerros, cebollas, espárragos e hinojo, todas cultivadas bajo estándares estrictos de calidad. Además, se sabe que presta atención incluso a los detalles más específicos, como el tamaño de ciertos vegetales.
Jardines reales con reglas muy claras
Lejos de ser un simple capricho, la selección de cultivos en las propiedades de Carlos III responde a su filosofía de consumir productos de temporada, frescos y alineados con un estilo de vida sostenible.
Al final, este curioso dato confirma que incluso en la realeza hay espacio para gustos muy específicos y en el caso de Carlos III, queda claro que cuando se trata de su mesa, hasta el huerto sigue sus propias reglas.